Hace un millón de años que el hombre está de pie. Un millón y medio de años que el hombre levanta los ojos hacia el cielo. Durante miles de siglos un silencio casi total. El hombre calla. De su actividad técnica, que presupone inteligencia, deja pocas huellas pero de su actividad mental no deja ninguna huella material. Bruscamente, hacia el final de la era de la piedra tallada, hace unos cincuenta mil años, el pensamiento humano se manifiesta a través de los primeros grabados en piedra, primeros esbozos de cultura y primera sepultura. Sobre las primeras piedras grabadas se reconocen grupos de estrellas y constelaciones. Sin duda la astronomía es una ciencia muy antigua. Mucho antes de saber escribir el hombre conoció las fases de la Luna y elaboró sus primeros calendarios. Cuando inventó la agricultura, la posibilidad de leer el calendario en los cielos era literalmente una cuestión de vida o muerte. El Sol y las estrellas controlaban las estaciones, los alimentos, el calor. La Luna controlaba las mareas, los ciclos de vida de muchos animales y quizás el periodo menstrual humano (la raíz de esta palabra significa Luna). Desde la prehistoria el estudio del cielo se centró en dos direcciones: la búsqueda de leyes naturales inmutables y la tentación de colocar en el inaccesible cielo seres sobrenaturales y omnipotentes. Los sucesos excepcionales, como los eclipses de Sol o de Luna, los cometas o las estrellas fugaces intrigaron al homre al igual que los rayos, los truenos, los huracanes, las grandes lluvias o los ciclones, que manifestaban para ellos la cólera celeste.
OBSERVATORIOS ESPAÑOLES
Son muy escasos los estudios existentes sobre los conocimientos astronómicos de los antiguos pobladores de la Península Ibérica. Hay tres emplazamientos del noreste peninsular que parencen ser observatorios astronómicos, datados en la Edad de Bronce, constituidos por sendos conjuntos de agujeros escabados en la roca de forma que colocando estacas en los hoyos adecuados, pueden distinguirse diversos tipos de alienaciones astronómicas.
En la Fresneda se halla claramente determinada la salida del Sol en los solsticios de verano e invierno. Está especialmente solemnizado el de verano, ya que el Sol aparece por encima de un ara esculpida en la roca. Otra alienación importante señala el punto más septentrional de salida de la Luna llena en el solsticio de invierno.
En los estudios de las alineaciones solsticiales y lunares de La Fresneda se comprueba cómo los astrónomos agricultores de la Edad del Bronce determinaban la duración del año señalando los ocasos solsticiales por medio de alineaciones de postes hincados en hoyos tallados en rocas de situación idónea. Obtenían igualmente referencias precisas de los solsticios, los equinocios, la línea meridiana y la equinoccial del hogar.